DESPUÉS DEL BULLYING AL PERIODISMO

Diez años de “bullying” al periodismo nos dejaron exhaustos, pero de pie. El periodismo ecuatoriano vivió un periodo complejo cuando el anterior Gobierno le dio a los medios y a los periodistas rostro y estatura de enemigos políticos.

Diez años de “bullying” al periodismo nos dejaron exhaustos, pero de pie. El periodismo ecuatoriano vivió un periodo complejo cuando el anterior Gobierno le dio a los medios y a los periodistas rostro y estatura de enemigos políticos. Durante esta década, desde el poder se entendió a la crítica como odio gratuito, y la información sobre actos de corrupción, como la más grande traición “al proyecto”. Esto como parte de un libreto y una bien estudiada estrategia política que se fortaleció a nivel regional.

DESPUÉS DEL BULLYING AL PERIODISMO

Sin embargo, y pese a la espada de Damocles que ha significado la Ley de Comunicación sobre las cabezas de periodistas y medios, se buscaron las maneras de continuar informando. Algo que aprendimos fue a no dejar cabos sueltos, a pensar como el propio Gobierno y buscarle la quinta pata a la información para anticiparnos a la tan usada y abusada “réplica” por parte del poder.  No obstante, no se puede negar que muchos medios tradicionales – y qué decir de los incautados y públicos- bajaron la cabeza y prefirieron dejar la denuncia o la investigación de lado. Así, como en todo, ese vacío generó nuevas opciones, y el periodismo se reinventó. Emerge entonces un periodismo menos formal, pero sí más audaz y frontal, casi militante, desde la esfera virtual.

Muchas de las denuncias de la más indignante y nunca antes imaginada corrupción, crímenes contra derechos humanos y abuso de poder que ahora  empiezan a confirmarse a través de los órganos judiciales, ya se conocieron a través de estos medios digitales y portales de investigación.

Hoy en día, una suerte de calma -no del todo creíble- se experimenta en la escena política, con el nuevo Gobierno. Pero el periodismo, lejos de bajar la guardia, debe comprometerse más en tener los ojos puestos en el nuevo poder y estar presto para señalar todo aquello que esté en contra de los ciudadanos y su futuro.  Este periodismo, post bullying, no baja los brazos y más bien busca nuevos caminos para continuar con su trabajo diario, observando la técnica, la ética e incluso profesionalizándose más.

Es que la dinámica social nos sobre pasa. No terminamos de pasar esta triste página de la historia ecuatoriana en la cual un gobernante se quiso hacer dueño de todos los poderes del Estado, cuando nos encontramos frente a frente con el rostro fatal del terrorismo y el narcotráfico. El narcoterrorismo, invisibilizado por varios años por una tolerancia cómplice  de las autoridades, hace su aparición con una estela de muerte y horror en contra de varios compatriotas, entre esos tres compañeros del equipo periodístico de El Comercio.

Al mismo tiempo, el desarrollo tecnológico, la competencia que deviene en inmediatez, obligan al periodismo a ser más ágil, y a estar en el lugar adecuado para informar casi en tiempo real lo que sucede. Esto no significa perder la rigurosidad y la posibilidad de análisis de los hechos, aunque esto represente no ser los primeros.

¿Pero entonces cuál es el camino del periodismo cuando una realidad lo sobrepasa, cuando los determinantes sociales se internacionalizan, cuando los delitos se vuelven transnacionales? Cada vez toma mayor fuerza la necesidad de la colaboración entre periodistas de diversos países para investigar y desnudar a los grandes poderes. Muestra de ello es la información divulgada en los Panama Papers o el caso Odebrecht. La divulgación de estos grandes compendios de información y su libre acceso se vuelven vitales en estos tiempos.

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