NO ES EL DESTINO: LAS DINASTÍAS POLÍTICAS EN EL ECUADOR

Fue una imagen llena de signos representativos de la derrota humana. Allí, frente a una computadora apareció Abdalá Bucaram Ortiz, de 67 años, con un semblante de mala salud pero, sobre todo, de mal ánimo. En su mano derecha no deja de lucir su Rolex de oro, pero desde hace un poco más de un mes, en su cuerpo también está fijo un grillete electrónico, puesto sobre su tobillo izquierdo por orden de un juez, para que la Policía sepa exactamente y a cada instante en donde se encuentra este ex presidente del Ecuador.

NO ES EL DESTINO: LAS DINASTÍAS POLÍTICAS EN EL ECUADOR

Para Presidente voten por cualquiera. Pero para Asambleísta Nacional, de puro hijueputa, vota por Abdalá!”.

Tal vez nadie pueda complacerlo, porque hasta el cierre de este informe, el Consejo Nacional Electoral había rechazado la inscripción de su candidatura. Aún así, nunca antes se había visto pedir el voto de esta manera en Ecuador. Días después, apareció llorando a gritos cuando detuvieron en Medellín, Colombia, a su primogénito de 40 años, a quien con amor de padre lo llama “Jacobito”. Esta vez, los casos de corrupción parecen haber encerrado a toda la familia. El 7 de octubre de 2020, la situación jurídica del líder de los Bucaram se complicó aún más pues la Fiscalía pidió cambiar el delito por el que sería acusado: de asociación ilícita a delincuencia organizada, que trae penas más severas de hasta 12 años de cárcel. Y no solo va la acusación contra el ex presidente, sino también contra sus hijos Jacobo, Abdalá -“Dalo”- y Michel Bucaram Pulley. Nunca antes estuvieron en una situación tan compleja.

“Podríamos estar asistiendo a la caída definitiva de la dinastía Bucaram que, haciendo un balance sobre su presencia política en los últimos 40 años, el resultado es totalmente negativo y se resume en una sola palabra: corrupción”. Eso es lo que opina Ruth Hidalgo, directora ejecutiva de la ONG Participación Ciudadana.

Las investigaciones incluyen el crimen contra un israelí, cometido dentro de la misma cárcel donde estaba recluido debido a las investigaciones de negociados de insumos médicos, en Guayaquil. A lo que apuesta Bucaram es a la suerte y a los pactos políticos, a los que recurrió siempre para salvarse de la prisión. Esto lo hizo desde los 80 y eso que su historial incluye acusaciones como traición a la patria hasta peculado, juicio que se originó cuando ejerció apenas por seis meses la Presidencia de la República, entre agosto de 1996 y febrero de 1997. Pero nunca ha sido sentenciado. Siempre pudo escapar y exiliarse en Panamá, en donde vivió durante 20 años. A Ecuador regresó en 2017, cuando prescribieron los juicios penales en su contra.

Ahora Bucaram es investigado por la Fiscalía por delitos de tráfico de armas, tráfico de bienes patrimoniales y delincuencia organizada. Pese a eso, su pretensión es ser candidato a Asambleísta Nacional, por el partido que creó su hijo, Abdalá JR o “Dalo”, una sucesión política de lo que fue el Partido Roldosista Ecuatoriano.

El plan de dinastía de Bucaram nunca se detuvo. Él sigue siendo la cabeza de la que se ha constituido en la más duradera dinastía política del Ecuador, pero no fue su creador, ya que ese papel lo ocupó su tío Assad, quien fue alcalde de Guayaquil y, siendo favorito, fue impedido por los militares de ser candidato presidencial en 1978. Entonces su reemplazo fue su sobrino político Jaime Roldós, quien arrasó en las elecciones. Roldós murió el 24 de mayo de 1981 al estrellarse el avión en que volaba en Loja y fue ahí que Abdalá arrancó su objetivo. Hasta el hijo de Roldós, Santiago, que por entonces tenía 10 años, estuvo en sus planes políticos, recuerda su hermana mayor Martha, quien lo impidió.

Ya van tres generaciones que han tenido su influyente presencia en el Estado, que incluyó dos Presidentes de la República y un Presidente del Congreso. La familia de Abdalá ha estado donde más ha podido: su hermana Elsa, alcaldesa de Guayaquil; sus hermanos Adolfo, Santiago y Jacobo, diputados. Su hijo Dalo, asambleísta y candidato presidencial, su nuera Gabriela Pazmiño, asambleísta. Ahora los tres hijos de Bucaram, Dalo, Jacobo y Michel -que también fue candidato alguna vez, sin éxito- y su nuera Pazmiño, también son investigados judicialmente y tienen dictadas órdenes de prisión en su contra. Todo por una ola de actos de corrupción y compras con sobreprecios ocurridos en los hospitales públicos del país, un escándalo que se agravó y reventó durante la emergencia sanitaria por el Coronavirus.

La de Bucaram es de hecho la dinastía con más tiempo de vigencia en Ecuador, pero el fenómeno se ha extendido. En la actualidad, en un repaso por todo el país se pueden detectar a primera vista por lo menos 31 casos de políticos que tienen a sus parientes siguiéndole los pasos, según el relevamiento realizado por La Historia en alianza con Connectas y con el apoyo del International Center for Journalists (ICFJ). La herencia política de padre a hijo se ha vuelto el nexo favorito y exitoso en las elecciones, fórmula escogida en la mayoría de casos por el Partido Social Cristiano, especialmente en provincias de la Costa. Pero esta región no es exclusiva y también en zonas de la Sierra y el Oriente: en total, en 15 provincias del Ecuador los políticos extienden su poder a los lazos familiares.

Aquello, en definitiva, lastima a la democracia, considera Ruth Hidalgo, directora de la ONG Participación Ciudadana, porque se posterga la alternabilidad, condición fundamental de los procesos electorales. Además, la experta entiende que se marginan nuevos cuadros y se excluyen los méritos propios en la selección de nuevos candidatos privilegiando, en cambio, la sangre. Lo más grave, opina Germán Rodas, de la Comisión Anticorrupción, es que las castas políticas tienen entre sus objetivos tapar las acciones turbias y propiciar la impunidad: “es una condición básica del nepotismo”.

LAS DINASTÍAS DE HOY

En realidad, las dinastías políticas en Ecuador son tan antiguas como su propia vida republicana, que empezó en 1830. Y desde su primer presidente, Juan José Flores, comenzaron las herencias del poder, que no se han detenido.

Si bien la dinastía de los Bucaram ha sido la que más se ha extendido en duración de tiempo y en cantidad de integrantes, desde finales del siglo pasado otros políticos también han intentado sembrar su propia marca en el fértil terreno político del Ecuador. El Coronel del Ejército Lucio Gutiérrez Borbúa protagonizó un golpe de Estado contra el presidente Jamil Mahuad en el año 2000 y dos años después, ya era candidato presidencial con perspectivas de triunfo.

Lo consiguió, asumió la presidencia en 2003, pero en el 2005 recibió una cucharada de su propia medicina: también fue tumbado del poder, con una huida poco digna del Palacio de Carondelet en helicóptero y posteriormente, un corto exilio, un corto tiempo en prisión y finalmente, una absolución completa en las Cortes. Uno de los pecados que cometió Gutiérrez en el ejercicio de su cargo fue darle demasiado protagonismo y presencia en cargos públicos a sus familiares. Su cuñado Napoleón Villa ocupó un importante cargo oficial, una hermana menor fue puesta en un cargo directivo del Banco del Estado, su hermano Gilmar -también militar retirado- se hizo cargo del partido llamado Sociedad Patriótica y además ganó un espacio en el Congreso como diputado. Hasta la esposa de Gutiérrez, la Primera Dama Ximena Bohórquez, decidió incursionar en la arena política -y quedarse allí- y llegó a ser diputada.

Después que Lucio fue echado de la presidencia, le tocó el turno a su hermano Gilmar, que fue candidato presidencial sin mayor éxito. Pero los Gutiérrez son soldados dispuestos a dar batalla. Por eso ahora nuevamente Lucio Gutiérrez se ha presentado como candidato a la presidencia para las elecciones del próximo año. La presencia de familiares en su entorno político continúa y allí está su esposa Ximena como primera candidata en la lista de Asambleístas.

Lejos de ser cosa del pasado, el nepotismo llegó hasta estos días con casos más actuales, como el que involucra a la familia del ex presidente Rafael Correa. Sus hermanos Fabricio y Pierina, apenas él consiguió la presidencia, también se metieron a la política, fueron candidatos, intentaron organizar sus propios partidos y en el caso de Fabricio, hasta lo pillaron intentando obtener millonarios contratos públicos de construcción de importantes obras en el gobierno de Rafael. Ahora los tres hermanos Correa Delgado siguen en la política: Rafael quiso ser candidato a la Vicepresidencia -impedido al ser sentenciado por un caso de sobornos-, Pierina es candidata para la Asamblea Nacional y Fabricio, el hermano mayor, hizo el intento de ser candidato a la presidencia de la República, aunque después declinó. Aún así, el ex presidente ha reiterado que a él no le gustan las dinastías. Ni la suya.

LOS NUEVOS CACIQUES

Dice Martha Roldós, hija del ex presidente Jaime Roldós y ex candidata presidencial, que a los ecuatorianos les gusta que existan dinastías familiares en diferentes aspectos de la sociedad, como las empresariales, por ejemplo. La política no podía estar excluida de esta preferencia, algo que ratifica cualquier repaso por la historia ecuatoriana. Ruth Hidalgo, de Participación Ciudadana, considera como una práctica nociva la normalización de este fenómeno de las dinastías políticas: “El ciudadano, efectivamente, se acostumbró a ver a los padres, hijos, parientes, metidos en política, como si fuese lo correcto y vota por eso. Pero no lo es, porque los resultados nos dicen que los efectos son completamente negativos: corrupción, impunidad y un debilitamiento del ejercicio de la política porque ya no se requiere un proceso de formación de líderes sino simplemente el hecho de un parentesco o familiaridad. Los cacicazgos son negativos porque van en contra de un principio básico de la democracia, que es la alternabilidad. Y con las dinastías no hay espacio para eso”, reflexiona Hidalgo.

Para Germán Rodas, coordinador de la Comisión Nacional de Lucha contra la Corrupción, la más importante organización ciudadana que denuncia irregularidades y busca transparencia en la función pública, las dinastías políticas “son una trampa para la democracia”. Y el problema de fondo, sostiene Rodas, es que con estas prácticas se confirma que en Ecuador no se vive una democracia plena: “aquí no tenemos democracia, aquí solo se dan elecciones cada dos o cuatro años, y eso no completa un proceso democrático. En la papeleta de las elecciones están los actores que el sistema político electoral quiere que estén, nadie más. Y quedan excluidos importantes sectores ciudadanos que no tienen posibilidad de participar o competir”. Con las dinastías de los políticos, el marginamiento de otros actores se acentúa: “los núcleos familiares van aislando a los demás”.

Lo que se viene dando con más fuerza desde hace una década es que los caciques, esos viejos líderes políticos que dominaron el territorio durante largo tiempo, han decidido dar espacio a una generación nueva: la de sus hijos, forjando pequeñas dinastías locales.

El Partido Social Cristiano, PSC, al que pertenece el líder y ex alcalde de Guayaquil durante 18 años, Jaime Nebot -quien también heredó la política por parte de su padre Jaime Nebot Velasco, ex ministro de Velasco Ibarra-, marca una tendencia en las dinastías locales y repite la fórmula en varias ciudades. Mal no le ha ido. En Machala, provincia de El Oro, por ejemplo, en donde continúa activo el político más antiguo del Ecuador, Carlos Falquez Batallas, que ganó su primer cargo en el parlamento en 1978 y ahora acaba de lanzar su enésima candidatura a la Asamblea, para las elecciones de 2021. Falquez también fue alcalde de Machala, prefecto de El Oro y puso de candidato para su relevo a su hijo Carlos Jr, quien ganó una primera elección de Alcalde en 2015 pero perdió la reelección en 2019. El veterano político Falquez también perdió la última elección en la que participó el año pasado, pero eso no lo arredra a sus casi 80 años.

Los Falquez fueron derrotados en 2019 con el discurso de que la provincia de El Oro y su capital, Machala, no eran “hacienda de los Falquez”. Eso lo repetía el candidato a la alcaldía, Darío Macas, que terminó ganador de la contienda electoral. Pero ahora el alcalde de Machala Macas da sus primeros pasos para la formación de un cacicazgo: su hermano Danny Nieto Macas es candidato para la Asamblea, tal vez el que con más anticipación comenzó a hacer campaña hace más de un año atrás.

La provincia de El Oro ya se ha acostumbrado a las herencias políticas. También socialcristiana es la actual asambleísta Patricia Henríquez, que tiene como su alterno en el parlamento a su hijo José Ugarte JR. Y lo mismo hizo el prefecto de El Oro y ex asambleísta Montgómery Sánchez, quien ubicó en 2013 a su hijo Montgómery Jr. como candidato ganador para la Asamblea, rol que ya cumplió.

Otro caso se da en la provincia de Los Ríos. Allí ha triunfado en varias ocasiones Jhonny Terán, actual prefecto de esa provincia, quien también ha sido alcalde de Babahoyo y asambleísta. Terán ha sido un puntal del PSC que ya escogió a su hijo Jhonny JR, como su natural sucesor en la política. Por eso el joven apenas graduado de la Universidad incursionó de candidato a concejal de Babahoyo en 2019, cargo que lo ganó sin apuros. Luego el muchacho de 25 años fue designado Vicealcalde de la capital de Los Ríos y ahora renunció a su cargo para liderar la lista de candidatos para la Asamblea en su provincia. Una carrera meteórica. La elección será el próximo 7 de febrero.

El PSC ha repetido la fórmula padre-hijo en el cantón Milagro de la provincia del Guayas. Allí el alcalde es Paco Asán y la vicealcaldesa es su hija, Daniela Asán. En Samborondón, José “Coco” Yúnez fue su alcalde durante 20 años y cuando ya no se pudo reelegir más, decidió entregarle la posta a su hijo Juan, que ganó sin problemas la elección. Lo mismo pasó en Durán, uno de los cantones que más padece la falta de agua potable en toda la provincia, un problema sin solución durante más de 50 años. Allí el alcalde -por dos ocasiones- es el socialcristiano Dalton Narváez, hijo de la ex alcaldesa en dos periodos Mariana Mendieta. Entre madre e hijo han estado quince años al frente de la alcaldía de Durán y no han podido resolver el viejo problema de la falta de agua potable. Y eso que viven junto al río Guayas.

En la Asamblea también el PSC da mucha relevancia a la sangre. Por eso cuando el asambleísta Luis Fernando Torres renunció para ser candidato a Alcalde de Ambato, dejó como su reemplazo a su hijo Esteban Torres, que llegó al parlamento para ser el abanderado de las causas Provida. Ya está mencionado el caso de la socialcristiana Patricia Henríquez, legisladora por El Oro, quien tiene como suplente a su hijo, José Ugarte. Y para el próximo periodo legislativo ya se apuntan más parientes: está de candidata Nathalie Viteri, hermana de la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri. También se ha postulado el radiodifusor Luis Almeida, quien puso como suplente a su esposa Jenny Almeida.

Pero las dinastías locales no terminan ahí. Las hay en más provincias de la Costa y también de la Sierra, en donde los apellidos Mendoza, Troya, Alvarado, Zambrano, Bustamante, Cruz, Cisneros, González, se repiten con fuerza en distintos procesos electorales y también en la designación de autoridades locales.  “Esto no le hace nada bien a la democracia”, expresa Germán Rodas. Mientras Ruth Hidalgo opina que es el momento de que las instituciones cumplan el rol para el que se constituyeron, especialmente la autoridad electoral: “Necesitamos una transformación en la forma de hacer política y para eso deben intervenir diversos actores. Es fundamental un cambio de chip y entrar en temas de capacitación y formación política que dejen atrás los rezagos de la vieja política que tanto daño sigue haciendo”.

Este reportaje fue realizado por La Historia en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas, del International Center for Journalists (ICFJ) en alianza con CONNECTAS.

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