CORONAVIRUS: ASÍ ESTÁ EL SISTEMA DE SALUD DEL ECUADOR

Es poco probable que el número de casos se reduzca, por el contrario, aumentarán. Solo se reducirán a medida que la población se exponga al virus o se elabore una vacuna.

CORONAVIRUS: ASÍ ESTÁ EL SISTEMA DE SALUD DEL ECUADOR

El 11 de marzo de 2020,  Tedros Adhanom, el máximo representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer que la epidemia de coronavirus, que desde enero (cuando la OMS fue notificada sobre un brote de neumonía de origen desconocido ocurrido en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, en China)  mantiene en zozobra al mundo, ha sido categorizada como pandemia.

Tal como ocurrió en 2009, cuando la entonces directora de esta organización, Margareth Chan, hizo la misma declaración a causa de la influenza.

Si bien se sabe oficialmente que la circulación de este virus inicio en diciembre de 2019, según los Investigadores Cheng y Shan de la Universidad de Shenzhen y Sidney (China y Australia) es probable que el virus se encuentre circulando incluso desde antes de noviembre de 2019.

Hasta el 13 de marzo de 2020, la pandemia ha dejado a 142 539 personas infectadas y 5393 fallecidas. Con esta cifra podríamos decir que, en el mundo, la letalidad de la infección es de aproximadamente 3,7%.

Sin embargo, es necesario aclarar que este porcentaje varía de acuerdo con las particularidades sociales, políticas,  culturales y el funcionamiento de los sistemas de vigilancia, estas características hacen que la letalidad sea mayor o menor.

Por ejemplo, en Italia a la misma fecha (con 17660 casos confirmados y 1268 muertos) la infección por el SARS-CoV-2 tiene una letalidad de 7,18% mientras que en la República de Corea es de apenas 0,8% .

Como se mencionó, estas diferencias responden a las particularidades sociales de cada país; sin embargo, cobran vital importancia: los Sistemas de Salud, su financiamiento, los modelos de salud, las políticas públicas en salud,  la vigilancia epidemiológica, los recursos económicos, tecnológicos, así como talento humano calificado en los cargos directivos del estado.

Epidemia, pandemia o brote

Según el Diccionario de Epidemiología editado por John Last, una pandemia se define como : “Una epidemia que ocurre en todo el mundo, o en un área muy amplia, que cruza las fronteras internacionales y generalmente afecta a un gran número de personas”.

Se diferencia de una epidemia y de un brote por: el número de casos y la distribución en las personas que ocupan un territorio. Sin embargo, las enfermedades no están excluidas del mundo social, la política, economía y la cultura que las determinan.

Por lo tanto, la definición que la OMS establece es un concepto que trata en lo posible de ser contextualizado; sin embargo, ha sido considerada extemporánea por muchos.

El causante de esta pandemia, un virus que debido a su estructura tiene una forma de coronas o picos, toma el nombre de coronavirus. Debido a que este es un virus emergente, la OMS estableció su nombre y el nombre de la enfermedad que produce: SARS-CoV-2 y enfermedad por coronavirus (COVID-19 por sus siglas en inglés) respectivamente. 

Investigadores chinos determinaron que el 96% del genoma de virus SARS- CoV-2 coincide con el coronavirus que se encuentra en los murciélagos. Los científicos sostienen que es probable que el virus haya utilizado a otro animal como intermediario para llegar hasta el humano. Es probable que estos intermediarios fueran mapaches o civetas.  Es decir que, originalmente, el virus se encontraba en un animal distinto al humano.

El contagio

Cuando existe contacto entre un animal que tiene un microorganismo capaz de producir enfermedad en una persona, esta se contagia (esto se conoce como zoonosis). Muchas enfermedades se trasmiten de esta forma (p. ej., virus hanta, leptospirosis, rabia, toxoplasmosis entre otras), es decir de un animal a una persona, no de persona a persona. Cuando un virus que solo se trasmitía de este modo se vuelve capaz de trasmitirse de persona a persona es cuando surgen los problemas.

Para que en el cuerpo exista inmunidad hacia un microorganismo -como los virus o bacterias-, es decir, para que las personas no se contagien o enfermen, el cuerpo debe ser capaz de luchar y vencer a la infección.

Para esto es necesario que el cuerpo haya tenido un entrenamiento previo. Este entrenamiento previo se produce cuando hemos estado expuestos a la enfermedad, hemos sido vacunados/as o hemos recibido anticuerpos de la madre a través de la lactancia , solo así, el cuerpo puede adelantarse a sus movimientos y atacarlo. Como es un virus nuevo, nadie ha estado expuesto a él de ninguna de las formas descritas anteriormente.

Cuando una enfermedad que no estaba entre los humanos aparece, el cuerpo no ha tenido un entrenamiento previo, por lo tanto, no es capaz de anticiparse a la infección. Como toda la población no ha estado expuesta al virus, no tiene entrenamiento para defenderse de este y la diseminación es extremadamente fácil.

Una persona infectada por el SARS-CoV-2 es capaz de contagiar entre 1 y 5 personas; alguien infectado con el virus del sarampión puede contagiar alrededor de 18 personas y, si tiene gripe (influenza), puede contagiar entre una y dos.

Este contagio se produce, principalmente, por las gotas de las secreciones (saliva y moco) que son expulsadas cuando una persona infectada tose o estornuda y entran en contacto con los ojos, nariz o boca de una persona que no tiene infección.

La tos produce menos gotas que los estornudos. Además, las secreciones expulsadas (a velocidades de entre 80 y 320 km/h) pueden caer sobre las superficies. Al topar las superficies contaminadas y llevarse las manos al rostro estamos invitando al virus a que entre a nuestro cuerpo (por ojos, nariz o boca).

Esto fundamenta la aplicación de dos medidas de prevención fundamentales: el toser o estornudar cubriendo nuestra boca y lavarnos las manos o frotarlas con alcohol constantemente.

Es necesario tener en mente que, según las investigaciones efectuadas en la Universidad de Beijín, el virus puede ser diseminado por una persona infectada entre 17 y 24 días.

Jaque mate a las políticas de salud

Como vimos al principio la Organización Mundial de la Salud determina lo que es pandemia teniendo como base el Reglamento Sanitario Internacional, documento de carácter vinculante suscrito por 196 países.

La OMS es el organismo, subsidiario de las Naciones Unidas en temas de salud. Esta organización no recomendó medidas adicionales para contener el brote que se estaba produciendo a causa de un virus desconocido. La diseminación mundial ha sido evidente.

Las políticas nacionales surgen de acuerdos internacionales suscritos por los miembros de esta organización y de otras organizaciones cuyas disposiciones también son vinculantes.

Aquí es donde se genera otro problema: la incapacidad del Ministerio de Salud Pública del Ecuador (MSP) para acoger algunas recomendaciones, rechazar otras o modificarlas para su incorporación en la política pública de salud.

La adopción de los documentos, de manera contextualizada, es justamente lo que promueven estas organizaciones; sin embargo esa no es una práctica del Ministerio y esto tiene una explicación.

El modelo empresarial del MSP, coloca como directivos (directores/as, gerentes de proyectos institucionales, coordinadores entre otros) a servidores de nivel jerárquico superior quienes en una gran proporción no cumplen con el perfil del cargo.

Estos servidores y servidoras de nivel jerárquico son de libre remoción (no son de carrera) y cambian de instancias, direcciones, coordinaciones o gerencias, pero siempre están ahí.

Cumplir con el perfil del cargo, al menos en lo formal, garantiza que la persona que lo ejerce tenga las competencias mínimas que le permitan tomar decisiones acertadas y gestionar la salud. Un caso para ejemplificar esta situación provino de la Ministra de Salud anterior quien, en 2019, ingresó a una habitación de un hospital de la capital dónde se alojaba un paciente con indicación de aislamiento.

El séquito que la acompañaba se opuso a las recomendaciones que realizó el hospital sobre su ingreso y con actitud despótica ingresaron a las instalaciones para registrar y publicar a través de fotografías su visita (la ministra se tomó fotos y abrazó a una persona que tenía una enfermedad trasmisible, luego salió por todo el hospital haciendo un recorrido inútil).

Cabe mencionar que en el hospital dónde aconteció lo descrito, no existían, ni existen hasta el momento cuartos de aislamiento que cumplan con las especificaciones técnicas. Luego de esta visita se cambió la fachada de la consulta externa del hospital y nunca se intervino en la infraestructura hospitalaria para mejorar las condiciones de los aislamientos. Si esto hace una Ministra de Salud, imagine lo que hacen los directivos que están bajo su cargo.

El Viceministro de Gobernanza y Vigilancia de la Salud del Ministerio de Salud Púbica del Ecuador no tiene registrado un título de cuarto nivel en la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt) que al menos avale su competencia en salud pública. La declaratoria del estado de emergencia sanitaria lo coloca a él como presidente de la mesa técnica de respuesta frente al COVID-19.

Pasa lo mismo con el Director Nacional de Vigilancia Epidemiológica y un gran número de directores nacionales y gerentes de proyectos institucionales. Si cree que es mentira, que no es posible que un sector tan delicado para el Estado esté a cargo de personas sin las competencias necesarias para el ejercicio de sus cargos, búsquelos en el portal de la Senescyt. Piense así mismo que con estas competencias técnicas el MSP es el encargado de producir la documentación necesaria para el manejo de esta crisis.

A todo esto, desde finales del 2019 y principios de 2020, a propósito de  la aplicación del Acuerdo Interinstitucional entre la Secretaria Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades), Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Ministerio del Trabajo (MDT), que emite las “Directrices para la reorganización de la presencia institucional en territorio y la reestructura orgánica de la administración pública central” se han venido haciendo recortes del personal sanitario en función de una meta basada en un presupuesto.

Por ejemplo, el hospital A debe “aportar” con una cuota de despidos que se ajuste a 80 000 USD, queda a potestad de los directivos del establecimiento de salud determinar si se va: un médico especialista, dos enfermeras o cuatro auxiliares de enfermería.

Aunque algunos sistemas de salud son regulados únicamente por el libre mercado, la mercantilización de la salud pone en riesgo el mantenimiento de los sistemas sanitarios.

En la crisis actual, se han creado consumidores paranoicos, susceptibles a comprar cuanto elixir aparezca en las perchas o redes sociales para mantenerlo alejado de la enfermedad que produce este virus y a ser mucho más demandantes de los servicios de salud que en los contextos de emergencia se ven representados casi exclusivamente por el Estado.

La mercantilización de la salud y la falta de regulación del mercado ha hecho que los comerciantes, en el contexto de una emergencia sanitaria, se aprovechen de manera bochornosa.

La mesa técnica, de la que hablamos hace un momento, está formada por la Red Privada Complementaria (prestadores privados de servicios de salud) y a la Red Pública Integral en Salud (prestadores públicos de servicios de salud) ambas redes componen el Sistema Nacional de Salud del Ecuador.

La Academia no fue incluida en esta mesa. Los representantes de esta mesa técnica pertenecen al sector público y privado. Por lo tanto, la responsabilidad de la Red Privada Complementaria no es menor (sector privado). El problema no es del MSP, es del Sistema Nacional de Salud.

Agregue a todo esto la desinformación que se produce porque el Sistema de Vigilancia Epidemiológica actual no es coherente con el enfoque de epidemiología comunitaria que establece el Modelo de Atención Integral en Salud, Familiar y Comunitario.

Este modelo considera a la epidemiología como “una herramienta de uso popular [que] sirve para conocer mejor la realidad en que vivimos para poder transformarla”. La información concerniente a la salud no está democratizada.

Con lo expuesto hasta aquí, no podemos decir que las medidas adoptadas por el Gobierno sean inadecuadas; el Gobierno no tiene más opción ante el advenimiento de un probable colapso del Sistema de Salud.

Entonces estas medidas, que por muchos son calificadas como desproporcionadas o injustificadas, buscan evitar que el Sistema Nacional de Salud (Red Pública Integral de Salud y Red Privada Complementaria) colapse debido a la demanda a expensas de la red pública.

Entonces, si el gobierno le pide que se quede en su casa es porque si no lo hace es probable que se contagie y que requiera atención, si muchos lo hacen, no habrá capacidad de respuesta; así que hay que enfermarse de a poquito para que el sistema aguante hasta que pase la crisis.

Por lo tanto, pese a la precariedad con que se maneja esta cartera de Estado, es fundamental cumplir con las medidas para evitar un conflicto social insostenible.

Es poco probable que el número de casos se reduzca, por el contrario, aumentarán. Solo se reducirán a medida que la población se exponga al virus o se elabore una vacuna. Es muy probable que el virus permanezca circulando como una infección respiratoria estacional (como paso con la influenza).

Nos guste o no, en algún momento nos veremos expuestos a este virus, pero no es lo mismo enfermarse en un Sistema de Salud fortalecido. Existe menos riesgo de complicaciones si el sistema funciona adecuadamente.

Independientemente de la postura es evidente que la civilización está en una profunda crisis. El modo en el que producimos, consumimos, nos relacionamos (entre nosotros y con la naturaleza) dominamos y nos dominan es incompatible para mantener a una especie que debe acceder a recursos cada vez más comprometidos y escasos. Continuar de esta forma hará que debamos enfrentar con mayor frecuencia este tipo de eventos.

La pandemia del COVID-19 ha paralizado empresas y en fin, ha transformado nuestro modo de producir y de vivir que hasta el momento ha sido el único fenómeno social capaz de cambiar el modo de vivir en el planeta, ha reducido la contaminación, violencia y criminalidad. Nos ha hecho ver que la forma en que vivimos hasta ahora es capaz de destruir con voracidad la vida sobre la tierra.

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