ECUADOR FINANCIA CON GASTOS RESERVADOS EL ESPIONAJE DE JULIAN ASSANGE

“Ecuador es insignificante”, así calificó Julian Assange

“Ecuador es insignificante”, así calificó Julian Assange, en noviembre de 2016, al país andino que le ofreció asilo político en su embajada en Londres. pero, el gobierno de este país “insignificante” financió con gastos reservados, manejados por la policía política de Rafael Correa (Senain), la contratación de un sistema de seguridad e inteligencia para beneficio del huésped, bajo el control de Wikileaks (Sunshine Press Productions). Con todas las protecciones garantizadas por Ecuador, el “hacker” hizo de la embajada un cuarto de guerra para el espionaje internacional. Su habitación y otras áreas a las que tiene acceso fueron convertidas en un “hotel” donde recibió visitas de todo el mundo, entre periodistas, líderes sececionistas, poderosos empresarios, personas vinculadas al Kremlin, impulsores del bitcoin, del Brexit y visitas sentimentales.

ECUADOR FINANCIA CON GASTOS RESERVADOS EL ESPIONAJE DE JULIAN ASSANGE

Puede leer la nota en Inglés en The Guardian

Julian Assange permanece aislado en la embajada ecuatoriana en Londres desde hace seis años, el mismo tiempo que lleva Ecuador pagando su costosa permanencia, que incluye seguridad y agentes encubiertos para reforzarla, además de una “casa de vigilancia”, que se encuentra a media cuadra de la embajada, en Basil Mansions, en la zona de Knightsbridge, detrás de las tiendas Harrods. La contratación de este centro de operaciones clandestinas y otras actividades ilegales, fueron pagadas con recursos de “gastos especiales” (no sometidos a control) de la Secretaría Nacional de Inteligencia (Senain), a través de contratos con las empresas Blue Cell Seguridad, una compañía española —cuyo nombre mantenemos en reserva— y PromSecurity, para vigilar todo acto relacionado a la vida del creador de Wikileaks.

No se ha podido determinar una cifra total de dinero destinado por Ecuador a la seguridad, espionaje y demas actividades de Assange, porque esos datos fueron clasificados de “secretos” en el gobierno de Rafael Correa.  Sin embargo, nuestro equipo de investigación tuvo acceso a un reporte detallado de gastos de la Senain que indica que, en el 2012, por un período de seis meses (28 de junio de 2012 -18 de diciembre de 2012), el país pagó $397.271 por el monitoreo y vigilancia de Assange, un promedio de 66 mil dólares mensuales. Este pago incluyó: pasajes aéreos, gastos para operaciones de inteligencia y contrainteligencia al capitán de navío César Pérez, al coronel Iván Jarrín, así como a la empresa Blue Cell Seguridad, pagos a Chesterton Global por arriendo de la “casa de vigilancia” en Londres y otros gastos no especificados para operaciones de inteligencia y contrainteligencia [simple_tooltip content=’Fernando Villavicencio’]FV1[/simple_tooltip].

Según información de la Contraloría del Estado, durante los últimos cinco años la Senain manejó $284.7 millones, cifra de la cual más del 80% fue destinada a gastos reservados. Un reporte detallado de gastos de la Secretaría, indica que la “Operación Hotel”, en su primer año, costó a Ecuador $972.889,42. Cifras revisadas por nuestro equipo de investigación, configuran un rubro total aproximado de casi 6 millones de dólares, gastados en el huésped entre agosto de 2012 y marzo de 2018.

Pablo Romero Quezada, ex titular de la Senain, se justificó ante la Contraloría diciendo que esas actividades se planificaron “con el fin de neutralizar las amenazas contra la seguridad interna del país”.Romero, actualmente prófugo de la justicia, fue hombre de confianza de Ricardo Patiño, ex canciller que autorizó el asilo en 2012.

Información adicional de gastos de la Senain indica que entre el 1 de junio y el 31 de agosto de 2012, la Senain invirtió $ 22.5 millones en 38 operaciones, entre ellas “Lumbisí”, “Centro de inteligencia”, “Vigilancia Remota Gric”, “Hotel”, “Agentes encubiertos”, “Fachadas”, “Pegaso”, “Venezuela”, “Contrainteligencia I.J.”, “Contrainteligencia” C.P., “Rayo”, entre otras.

La Senain fue creada, en 2009, por el ex presidente Rafael Correa, con el objetivo de realizar “actividades de inteligencia y contrainteligencia para la protección interna, el mantenimiento del orden público y la defensa nacional”. En el país ha sido cuestionada por espiar, intimidar y perseguir a políticos, activistas sociales, periodistas y ciudadanos críticos al régimen correísta.

La operación “HOTEL”

En septiembre de 2012, dos meses después de la llegada del creador de Wikileaks a la embajada, se puso en marcha la operación “Huésped”, el objetivo: tener un equipo de seguridad in situ para Assange las 24 horas del día y una “casa de seguridad” cerca de la embajada. El entonces embajador, Juan Falconí Puig, hizo llegar una queja, en 2015, a la Cancillería —y ésta a su vez, la transmitió a la Senain— sobre facturas pendientes de pago que llegaban a la embajada por impuestos de arriendo del inmueble. Un año después Pablo Romero Quezada cambió el nombre de la operación Huésped por “Hotel”.

La citada compañía de seguridad y vigilancia fue creada en 2008, por exmilitares españoles, con el objetivo de “cubrir el amplio espectro de los sectores de la seguridad y defensa (nacional e internacional, pública y privada)”. En una entrevista concedida a un medio español, su gerente, señaló que son “contratistas de seguridad”, que se dedican a la protección y ejecución de actividades en zonas de peligro, además,  “ofrecemos protección personal de familias presidenciales de Sudamérica que viajan a Europa, a ejecutivos importantes”.

Datos revelados a este medio, indican que, por proporcionar personal para la seguridad de Assange, en 2012, las dos compañías cobraron mensualmente $ 55.000. Para agosto de 2015, el contrato subió a $93.000 mensuales.

La compañía contratada para la vigilancia y seguridad de Julian Assange, es la misma empresa a la que Rafael Correa le confió desde el año 2014, la seguridad y custodia de su hija Sofía Correa Malherbe, mientras estudiaba en Francia, a través de un contrato por $ 76.190 mensuales, $ 914.289 anuales, pagados también con gastos especiales de la Senain.

El contrato con la empresa Blue Cell incluyó el servicio de inteligencia, seguridad diplomática y la instalación de equipos de vigilancia para la embajada en Londres. Un reporte de gastos de la Senain, indica que entre los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre de 2012, el país pagó a Blue Cell más de $200.000 por concepto de “seguridad diplomática, alojamiento, alimentación, comunicaciones”; en enero de 2013, se registró un nuevo pago por $ 190.829 por “adquisición de equipos para actividades de inteligencia”. La Contraloría encontró que un pago por $ 17.226, hecho a esta empresa, no fue justificado; el organismo de control señaló que se “desconoce el objeto de la instalación de los equipos”.

Según la Superintendencia de Compañías, Blue Cell fue constituida en Quito en junio de 2011, con el objetivo de “prestar los servicios de asesoría a empresas, instituciones públicas o privadas que tengan necesidades de ingeniería de riesgos”. Sus accionistas y administradores son: el estadounidense Carlos De Miguel y el ecuatoriano Israel Estibenson Flores Pallasco.

Protección al hacker y el espionaje a opositores

En 2013 la Senain compró paquetes de espionaje a la empresa italiana Hacking Team y contrató a la empresa colombiana Robotec, para el servicio de soporte. En una comunicación del 8 de enero de 2013, Valerio Bedeschi, CEO de la firma italiana, indicó que Robotec “es nuestro único distribuidor en su país”.

En febrero de ese mismo año, Pablo Romero Quezada autorizó a la empresa Iluminati Lab para que cumpla el papel de “representante e interlocutor exclusivo para la demostración, evaluación y contratación de los servicios que presta la empresa Hacking Team”.

A la estrategia de espionaje del gobierno de Correa también se sumó un contrato con la empresa de Singapur ST Electronics, como parte del proyecto Soberanía. La Senain adquirió en $28 millones una plataforma de interceptación de comunicaciones, cuyo servicio es cuestionado. El sistema es operado por la contratista con un costo adicional de $ 2,8 millones anuales.

A través de un oficio, fechado en diciembre de 2014, Rommy Vallejo, a la fecha secretario nacional de inteligencia, informa a Thiam Boon Siong Max, vicepresidente de ST Electronics, que la Senain aprobó un contrato adicional de mantenimiento por $ 2,5 millones. A la fecha se investiga si la plataforma tecnológica instalada por ST Electronics en la Senain (Lumbisí – Quito) pudo haber sido utilizada para operaciones externas.

Contraloría cuestiona gastos especiales a favor de Assange

El 21 de marzo de 2013, la Contraloría de Ecuador mediante oficio 9044 CG, solicitó al jefe de la Senain, Pablo Romero, los justificativos sobre el uso de los “Fondos Públicos Permanentes de Gastos Especiales”, del 1 de septiembre al 30 de noviembre de 2012.  El organismo de control indicó a Romero que había consumos, por $411.493, que no incluían ningún documento de respaldo.

En la lista que la Contraloría envió a Romero, detalló que gastaron $ 10.000 en bebidas alcohólicas y perfumes, y otros $ 10.000 de los cuales no hay facturas; estos gastos fueron atribuidos a Ana Albán Mora, a la fecha, embajadora en Londres. Hubo pagos que sumaron $9.536 por pasajes aéreos de los que no existe ninguna información, y egresos por servicio de seguridad diplomática en los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2012, de los que no hay documentos de sustento que suman $ 119.988. Indicó además que hubo dos pagos en el mes de septiembre, de $ 9.000, por arriendo de un departamento en Londres y $ 224.699 para agentes encubiertos de los que no existían informes que justificasen los “pagos periódicos efectuados”.

Al respecto, Romero, en un oficio del 27 de marzo de 2013, explicó que los pagos a los agentes estaban “relacionados con los informes de actividades, que en su gran mayoría son presentados en forma verbal tanto a la Coordinación de Inteligencia y Contrainteligencia, para que estas unidades puedan planificar actividades con el fin de neutralizar amenazas contra la seguridad interna del país”.

Sobre los otros egresos aclaró que “corresponden a la Operación Hotel, relacionada con diferentes compromisos que adquirió el gobierno ecuatoriano con la seguridad del huésped”, que no podía proveer más detalles “por su alta sensibilidad”, respondió Romero.

La bitácora de Assange

La vida del Huésped en la embajada londinense está registrada minuto a minuto en los reportes de la empresa española, obtenidos en exclusiva por nuestro equipo de investigación: desde la visita del dentista Monik Nasan para extracción de un diente, la utilización del hueco de la escalera para atender llamadas largas, la hora en que fuma su pipa, la sospechosa acción de James, el asistente, que el 31 de enero de 2018, salió con un colgante lleno de pendrives y al regresar no los tenía, sin soslayar las visitas sentimentales.

Nuestra fuente, que prefirió mantener su nombre en reserva, señala que Assange ocupó hasta un tercio del espacio dentro del primer piso de la embajada. Además de la pequeña habitación desde la que se dirige al público, Assange ocupó dos habitaciones grandes, una de las cuales funciona como dormitorio. Las habitaciones tienen cerraduras codificadas y únicamente el personal de Wikileaks tiene acceso a ellas, en estos espacios no hay cámaras.

Los informes diarios incluyen fotos, análisis y los momentos críticos de Assange: en enero de 2013 tuvo una crisis ocasionada por el estrés, el reporte señaló que el personal de seguridad escuchó un sonido “que se asocia a un fuerte golpe que proviene del interior de la habitación de Assange, los de seguridad indican que hay un mueble partido y volcado en el centro de la habitación”.

Un reporte de los espías señala que el australiano “durante sus sueños tiende a gritar y hablar de forma incoherente”, producto del estrés, “causado en parte por el aislamiento de libertad” y la “poca relevancia mediática sobre el tema Assange” podrán “llevar al sujeto a un posible estado depresivo”, y recalca que “la naturaleza de Assange con evidentes estados de rabia y sentimientos de superioridad puede ocasionar cierto estado de estrés al personal que le rodea”.

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