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En «V» de Vendetta, el 5 de noviembre se convierte en el símbolo de una rebelión: la demostración de que una idea puede sobrevivir a quien intentó defenderla y de que ningún poder es capaz de silenciar para siempre aquello que una sociedad decide recordar. Hoy, 5 de noviembre, Ecuador escribe una página importante de su propia historia.
El llamamiento a juicio de los presuntos responsables del asesinato de Fernando Villavicencio representa un paso fundamental en la búsqueda de justicia. Pero también nos obliga a mirar más allá del crimen: hacia las estructuras narcopolíticas que han penetrado las instituciones, capturado espacios de poder, sometido al país y convertido la corrupción, el miedo y la violencia en instrumentos de control.
Fernando dedicó su vida a investigar, revelar y denunciar los vínculos entre el crimen organizado y el poder político. Se enfrentó a intereses que parecían intocables. Puso nombres, relaciones y estructuras bajo la mirada pública. Y pagó con su vida por una lucha que hoy sigue siendo imprescindible.
Pero su legado no puede reducirse a su asesinato ni a las denuncias que hizo.
Fernando también defendía una idea que necesitamos recuperar: sí se puede hacer buena política. Se puede limpiar la política. Se puede ejercer el poder con honestidad, valentía y responsabilidad. Se pueden recuperar las instituciones de quienes las han convertido en herramientas para sus intereses criminales.
Esa es, quizás, el mayor desafío que tenemos pendiente como país.
Hoy, mientras las investigaciones y los procesos judiciales comienzan a poner a prueba la verdad, debemos recordar que la justicia no termina con un llamamiento a juicio. La verdad exige llegar hasta el fondo, establecer responsabilidades y desmontar las estructuras que hicieron posible tanta violencia.
Por eso, hoy queremos resignificar aquella «V».
«V» de valentía para enfrentar al poder criminal. «V» de voluntad para recuperar la política. «V» de victoria sobre el miedo y la impunidad.
Porque la mejor manera de honrar a Fernando no es convertir su muerte en una consigna, sino hacer realidad las ideas por las que luchó.
Que su asesinato no consiga lo que pretendieron quienes quisieron silenciarlo.
Que la política vuelva a ser un instrumento para servir a la gente. Que la verdad alcance incluso a los más poderosos. Y que Ecuador pueda demostrar que otra forma de hacer política es posible.
5 de noviembre.
La «V» no es de venganza.
Es de Victoria, Villavicencio, Valentía y Verdad.


