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Hoy, 20 de febrero de 2026, el presidente Daniel Noboa afirmó que, desde que se dictó la prisión preventiva del alcalde Aquiles Álvarez el pasado 11 de febrero, “han caído las muertes violentas en el Distrito Metropolitano de Guayaquil en un 26%”. Esta afirmación exhibe al menos dos problemas.
El primer problema es de orden empírico: los datos de homicidios del Ministerio del Interior llegan hasta el 31 de enero de 2026, de modo que cualquier verificación es, por el momento, un ejercicio de fe cívica. Sin embargo, algo que sí es verificable es la tendencia anterior.
Entre enero de 2024 y enero de 2026, Guayaquil ha contabilizado 4.716 homicidios: 1.967 en 2024, 2.545 en 2025 y 204 en enero de este año. La Figura 1, que ilustra la evolución mensual de homicidios, claramente indica que la tendencia de fondo es ascendente: de 136 homicidios mensuales en enero de 2024 a un pico de 319 en mayo de 2025: más del doble en quince meses. Si bien desde entonces ha cedido hasta ubicarse en torno a 204 en enero de 2026, esta morigeración no devuelve los números a su punto de partida: la tendencia actual sigue siendo un 50% más alta que cuando el presidente Noboa declaró el conflicto armado interno.

Adicionalmente, de esos 4.716 homicidios, 315 corresponden a niños, niñas y adolescentes de entre 0 y 17 años (262 hombres y 46 mujeres) y la tasa entre adolescentes de 12 a 17 años (construida con proyecciones poblacionales de la provincia del Guayas desagregadas por edad) sigue la misma tendencia ascendente que los datos agregados: por ejemplo, la tasa de homicidios en adolescentes de 17 años pasó de 2,36 en enero de 2024 a 10,43 en enero de 2026.

En cuanto al instrumento, el arma de fuego explicó el 90,8% de los homicidios de menores en 2024, el 96,6% en 2025 y el 94,4% en enero de 2026. El arma blanca, con nueve casos en 2024, ha cedido su lugar casi por completo a la bala.

Estos son los hechos disponibles: los homicidios van al alza en Guayaquil, tanto en general como entre niños, niñas y adolescentes en particular.
Sobre estos datos verificables, la declaración del presidente Noboa acumula ambigüedades. ¿Cayeron los homicidios un 26% con respecto a qué? Si la comparación es con enero de 2026, entonces el presidente ignora que existen factores de estacionalidad que causan fluctuaciones temporales: la propia Figura 1 muestra que tanto en febrero de 2024 como en febrero de 2025 los homicidios cayeron con respecto a enero (de 136 a 89 entre enero y febrero de 2024, y de 245 a 225 entre enero y febrero de 2025), sin que nadie se atribuya el mérito. Si la comparación es con febrero de años anteriores, no sabemos a cuál, ni con qué desagregación etaria. No sabemos, en suma, qué está midiendo el presidente, ni desde dónde. La supuesta reducción del 11 al 20 de febrero (¡un período de nueve días!) deberá verificarse en su momento comparando el período con los mismos días de 2024 y 2025, desmenuzando los rangos etarios, y descartando la estacionalidad antes de sacar cualquier conclusión.
Pero hay un problema aún más grave que el metodológico. Para que la prisión preventiva del alcalde cause una caída de homicidios, Álvarez tendría que ser partícipe activo, por acción u omisión, en asesinatos a gran escala. Una acusación velada que es, en efecto, en extremo temeraria y maliciosa.
En Guayaquil no hay nada que festejar, y mucho que explicar.


