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La construcción de una lavandería de autos junto a la desembocadura del río Ayampe ha encendido las alertas en esta comunidad costera de Manabí. El proyecto, levantado en una zona de alto valor ecológico y turístico, es cuestionado por posibles irregularidades legales y por el riesgo ambiental que representa para el río que abastece de agua a la población y sostiene la economía local.
A escasos metros del río Ayampe, en un área donde la normativa restringe edificaciones y actividades contaminantes, una estructura de cemento irrumpe el paisaje donde antes había un entorno natural. El río alberga fauna silvestre, forma parte del paisaje que atrae a surfistas y visitantes de todo el mundo y cumple una función clave en el equilibrio ecológico de la zona.
El río Ayampe baja cristalino desde la montaña y desemboca en un mar que es espacio de recreación, pesca artesanal y vida comunitaria. Hoy, ese equilibrio se ve amenazado por una obra que acumula ya tres denuncias formales, la más reciente presentada ante el Ministerio del Ambiente y respaldada por más de un centenar de habitantes, quienes cuestionan tanto la construcción como la forma en que fue entregado el terreno donde se levanta.
¿Cómo empezó todo?: de un minimarket a una lavadora de autos
En febrero de 2025, la Comuna Ancestral de Las Tunas entregó un terreno a Jefferson P. El objetivo, según consta en documentos, era la construcción de un minimarket que fomentara el emprendimiento local.

Sin embargo, lo que comenzó como un pequeño proyecto comercial terminó convirtiéndose en una lavandería de autos, sin que exista claridad pública sobre cuándo, cómo o con qué autorizaciones se produjo este cambio de uso.
El terreno entregado se encuentra en un punto estratégico: sobre la Ruta del Spondylus y a un costado del río Ayampe, dentro del área de derecho de vía. La normativa vial es clara. El Reglamento a la Ley del Sistema Nacional de Infraestructura Vial establece que el derecho de vía se extiende 25 metros desde el eje de la vía hacia cada costado, permitiendo únicamente cerramientos. También dice que para edificaciones se requiere un retiro adicional de 5 metros, es decir, alrededor de 30 metros desde el eje de la vía. En términos prácticos, no se puede construir en ese espacio.
Pese a ello, la Comuna de Las Tunas entregó un terreno que, en gran parte, está en la vía pública.
Denuncias que avanzan más rápido que las respuestas
La primera denuncia fue interpuesta por la comunidad de Ayampe el 23 de abril de 2025 ante el Ministerio de Transporte y Obras Públicas. Funcionarios del MTOP acudieron al sitio e indicaron al propietario que la construcción estaba prohibida en esa zona pues se encontraba dentro del derecho de vía.
El caso también fue puesto en conocimiento del Municipio de Puerto López, cuyos técnicos realizaron una inspección. No obstante, en su informe se deslindaron de responsabilidad, señalando que las decisiones recaen en la Comuna de Las Tunas, al tratarse de su jurisdicción.
Tras ese primer llamado de atención, la comunidad pensó que la obra se detendría. Durante algunos meses no hubo actividad visible. Pero el silencio fue solo una pausa.
El 8 de septiembre de 2025, al percatarse de que se reactivó la construcción, la comunidad de Ayampe presentó una segunda denuncia ante el MTOP. Esta vez, no hubo respuesta ni acciones visibles por parte de las autoridades.


¿Lavar autos junto a la fuente de agua?

Más allá de la ilegalidad por el derecho de vía, existe una pregunta clave que no requiere demasiada reflexión:
¿Por qué es una mala idea instalar una lavadora de autos junto al río que abastece de agua a toda la zona y sostiene su economía turística?
Ayampe no cuenta con un sistema de alcantarillado ni con plantas de tratamiento de aguas residuales. La autorización inicial para un minimarket jamás contempló la gestión de desechos propios de una lavandería de autos.
El propietario del proyecto que se presentó como “Iván» aseguró a este medio que se utilizaría “solo agua y shampoo” y que se construiría un pozo séptico con fondo de cisterna, el cual sería vaciado por un camión. Sin embargo, no presentó documentos técnicos, permisos ambientales ni estudios que avalen este tipo de infraestructura. Para el cierre de esta nota, no hubo respuesta a la solicitud de información.
La tercera denuncia: la comunidad decide alzar la voz

Ante el avance sostenido de la obra, el 30 de diciembre de 2025, la comunidad de Ayampe presentó una tercera denuncia ante el Ministerio del Ambiente, la cual fue remitida también al Municipio de Puerto López, a la Secretaría de Gestión de Riesgos y nuevamente al MTOP. La denuncia presentada por la comunidad de Ayampe sostiene que la construcción de una lavadora de autos junto al río vulnera normas constitucionales y ambientales de máxima jerarquía. El proyecto se levanta dentro del área de retiro obligatorio de una vía estatal y en la zona de influencia directa del río Ayampe, espacios que la ley reconoce como bienes de dominio público, inalienables e imposibles de ser autorizados para uso privado. La comunidad advierte que cualquier permiso otorgado carece de validez jurídica, pues ninguna comuna ni autoridad local tiene competencia para autorizar construcciones en áreas de protección vial o hídrica, menos aún cuando se trata de una actividad con potencial contaminante.
Desde el ámbito ambiental, la denuncia invoca el principio de prevención y precaución, señalando que la eventual operación de una lavadora de vehículos sin autorización ambiental previa representa un riesgo cierto y previsible para el agua, la salud pública y los derechos de la naturaleza. El lavado de autos genera efluentes con aceites, grasas, detergentes, hidrocarburos y metales pesados, cuya descarga, directa o indirecta, está prohibida por la legislación ecuatoriana sobre recursos hídricos. Para la comunidad, permitir esta actividad junto al río Ayampe no solo contraviene la ley, sino que amenaza el equilibrio ecológico que sostiene la vida, el turismo y la identidad misma del territorio.
Esta denuncia está respaldada por más de cien habitantes que coinciden en algo fundamental: el mayor valor de Ayampe es su naturaleza.
Es su río limpio.
Es su playa, que atrae surfistas y viajeros de todo el mundo.
Es el equilibrio que permite vivir del turismo sin destruir lo que lo hace posible.
Pero, por encima de todo, el valor más grande de Ayampe es su gente.
Ayampe ya sabe lo que es perder su río. Hubo un tiempo hace muchos años en que se secó. Y también hubo un tiempo de resistencia, de reforestación paciente, de manos que sembraron árboles pensando en el futuro. Gracias a esos esfuerzos, el agua volvió a correr y hoy, cuando el río baja para encontrarse con el mar, las piedras vuelven a cantar.
Por eso esta historia no trata solo de una lavadora de autos y el desastre ambiental que podría generar. Trata realmente de una comunidad que entiende que defender la naturaleza es defender la vida. Que no todo lo autorizado es correcto. Trata sobre personas que decidieron organizarse para cuidar lo que no tiene reemplazo.
El río Ayampe no está solo.
Y mientras su comunidad siga de pie, tampoco lo estará su futuro.


