SARAYACU. La derrota del jabalí

En su nueva obra, “Sarayaku, la derrota del jabalí” Fernando Villavicencio combina la crónica, la entrevista, el testimonio y el alegato judicial en una pieza de contrapropaganda sobre los sucesos de la denuncia en contra de Correa por el 30S, que motivaron su persecución así como la del ex asambleísta Cléver Jiménez y el médico Carlos Figueroa.

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En su nueva obra, “Sarayaku, la derrota del jabalí” Fernando Villavicencio combina la crónica, la entrevista, el testimonio y el alegato judicial en una pieza de contrapropaganda sobre los sucesos de la denuncia en contra de Correa por el 30S, que motivaron su persecución así como la del ex asambleísta Cléver Jiménez y el médico Carlos Figueroa.

REDACCIÓN PLAN V

Salpicada de su experiencia en medio de las selvas amazónicas, en donde estuvo refugiado en la comunidad indígena de Sarayaku y de donde debió huir ante el acoso de la Fuerza Pública, la obra “Sarayaku la derrota del jabalí” es el nuevo libro “escrito en el exilio” se precisa en la portada, del comunicador Fernando Villavicencio.

En el libro, que reúne varios artículos escritos en géneros distintos, que van desde la crónica en la que cuenta los sucesos de la noche del 26 de diciembre de 2013 en su departamento al norte de Quito, cuando un acucioso fiscal -ya fuera actualmente del Ministerio Público- acompañado de policías y periodistas y camarógrafos del Palacio de Gobierno realizaron un allanamiento denominado “acto urgente” para buscar las evidencias de un posible delito informático, o aquella en la que relata la forma en que él, el médico Carlos Figueroa y el ex asambleísta Cléver Jiménez encontraron refugio en Sarayaku primero, para tener que huir de ahí caminando por la selva en medio de la noche después, hasta la entrevista y el testimonio a los líderes indígenas amazónicos José Gualinga y Marlon Santi que los protegieron.

El texto de Villavicencio tiene un amplio valor testimonial, pues, como queda dicho, en su primera parte relata sus aventuras para enfrentar las acciones judiciales en su contra promovidas por el régimen correísta. En una segunda parte, en cambio, se parece a un alegato judicial, pues en lo que parece sería una reedición de los escritos de sus abogados en relación a los sucesos del 30S, cita leyes y aporta documentos sobre lo que ocurrió aquel día de septiembre de 2010, cuando los policías se sublevaron y el presidente Rafael Correa fue retenido en el Regimiento Quito.

La obra, impresa en una editorial de Quito que precisa en una nota que no tiene responsabilidad legal alguna por lo que dice el libro -los tiempos que corren no parecen estar para publicar obras polémicas- incluye un pequeño perfil autobiográfico del autor, en donde Villavicencio hace un inventario de sus denuncias más importantes, la mayoría relacionadas con petróleo.

Una amplia sección de anexos cierra el libro del comunicador, quien actualmente dice estar en el exilio aunque no revela datos sobre su paradero. En los anexos, es posible leer la documentación oficial que las Fuerzas Armadas y la Policía remitieron a la Asamblea Nacional por pedido de ex legisladores como Cléver Jiménez y César Montúfar, que son básicamente informes sobre lo ocurrido el 30S, documentos de las autopsias de los muertos, entre otros.

Una aventura que empieza después de navidad

Los testimonios del libro de Villavicencio aportan información nueva sobre su situación y la de los otros prófugos por, según la justicia, haber denunciado de forma “maliciosa y temeraria” al presidente Rafael Correa. Empieza con su versión sobre lo ocurrido la noche del allanamiento a su departamento, la noche siguiente a la navidad del 2013, en medio de un feriado, literalmente, entre gallos y media noche. Aunque la versión de Villavicencio y su esposa fue ampliamente conocida en su momento, y se fundamentó en la violación de los derechos de sus pequeños hijos, el comunicador insiste en lo que habría ocurrido durante el allanamiento y en las violaciones legales que habría cometido la Fiscalía durante el llamado “acto urgente” pedido por el secretario jurídico del Palacio Presidencial, Alexis Mera.

Durante 15 horas, Villavicencio y sus amigos caminaron por la selva hasta lograr salir de Sarayaku burlando el cerco policial.

Luego viene el relato del periplo que Villavicencio realizó, a partir de enero de este año, en los Estados Unidos, para denunciar en foros como la CIDH en Washington y en medios internacionales lo que había ocurrido esa noche. Mientras estaba en los Estados Unidos, el comunicador y activista recibió por medio la red social Twitter una serie de mensajes directos provenientes de la cuenta del troll correísta @lolacienfuegos quien le intentaba persuadir de que cese sus denuncias contra el régimen. En el libro puede consultarse el diálogo que mantuvo Villavicencio con el troll.

Villavicencio explica el itinerario de sus viajes, con quiénes se reunió y qué periodistas lo entrevistaron en su campaña internacional. Finalmente, revela que decidió volver al país por tierra desde Bogotá, para luego buscar refugio en la comunidad indígena de Sarayaku, en Pastaza.

Una vez en Sarayaku, el periodista cuenta las tribulaciones de los indígenas, que aunque decidieron darles protección en su jurisdicción ancestral, empezaron a ser víctimas de las consabidas campañas de propaganda del régimen, y de presión por parte de la fuerza pública, que desplegó operativos policiales en los linderos de Sarayaku e, inclusive, llegó a realizar sobrevuelos con aviones de combate de la Fuerza Aérea sobre la comunidad.

Varios párrafos destina el autor a su estadía en Sarayaku, en donde concedió entrevistas a algunos medios nacionales. Una de ellas, a la periodista de un canal de Guayaquil que, en su criterio, le hizo decir que pensaba disculparse con el Presidente cuando realmente la intención de su frase fue otra. La acusa -acaso se contagia de la retórica del poder sin querer- de publicar “verdades a medias” y de descontextualizar lo que dijo.

Ante la presión, cuenta Villavicencio, él y los otros perseguidos optaron por salir, por tierra, de Sarayaku, en una travesía que puso a prueba sus facultades físicas, caminando por medio de la selva, atacados por mosquitos y otros bichos, cruzando el río Bobonaza en varios puntos, mientras trataban de sortear el operativo policial que, por órdenes de la capital, habían implementado la policía y ciertos políticos de Pastaza para detenerlos. Entre estos, revela el libro, estuvo el ex triunviro Antonio Vargas, quien tras ser presidente de la Conaie y aliado del gutierrismo, ahora estaría al servicio del actual régimen.

Tras poner a prueba su resistencia física y mental, y gracias al apoyo de los indígenas de la zona, Villavicencio cuenta cómo los Tres del 30S lograron llegar al Puyo, tras 15 horas de travesía a pie,  y reunirse con sus familiares, evitando las pesquisas que el Gobierno había implementado en toda la provincia. No da más detalles de su actual paradero, aunque el médico Carlos Figueroa logró volver a Quito, pendiente de la salud de su madre moribunda, y fue detenido por la Policía en una casa al norte de la capital. Tampoco se sabe, actualmente, del paradero de Cléver Jiménez.

El haber huido de esa forma del cerco policial y hasta del despliegue de aviones de guerra, parece decir Villavicencio, es la derrota del jabalí, que aparece en la portada con ojos sospechosamente humanos y verdes.

Las voces de los indígenas

“Serrano ya no es mi tocayo” dice, enfático, José Gualinga, en la entrevista que publica Villavicencio. Se cuenta también los problemas de Sarayaku con las petroleras.

La obra incluye también una entrevista al dirigente indígena José Gualinga, ex jefe de la comunidad de Sarayaku, en la que se comentan algunos hechos de actualidad política, al igual que la relación con el actual ministro del Interior, José Serrano, quien siendo abogado en libre ejercicio defendió a los indígenas y luego, en su faceta de funcionario público, llegó a acusarlos de tener un grupo de paramilitares armados en su territorio. Está también un reportaje sobre Sarayaku, en donde se cuentan la historia y las costumbres de esta comunidad, y un testimonio del dirigente Marlon Santi. “Serrano ya no es mi tocayo” dice, enfático, José Gualinga, en la entrevista que publica Villavicencio. Se cuenta también los problemas de Sarayaku con las petroleras.

El alegato

Las siguientes partes del libro parecen más bien, corresponder al alegado judicial que a algún genéro periodístico. Se cuenta, nuevamente, la versión de los Tres del 30S sobre la denuncia que presentaron en la Fiscalía del Estado pidiendo que se investigue para responder una pregunta clave: ¿quién ordenó disparar el 30 de septiembre para rescatar a Correa del hospital de la Policía, donde había terminado refugiado luego de que él mismo decidió ir a arengar a los policías sublevados del Regimiento Quito?

Basado en la documentación de la que dispone, proporcionada por las Fuerzas Armadas a dos asambleístas, Villavivencio insiste en que la orden del rescate, en el curso del cual murieron cinco personas sin que sus fallecimientos hayan sido aún aclarados, provino directamente del Presidente de la República. Aprovecha, sin embargo, para matizar lo que es, sin duda, la parte más flaca de su denuncia en la Fiscalía: la teoría según la cual el presidente Correa salió del hospital de la Policía, se instaló en la cercana Universidad Tecnológica Equinoccial, preparó su rescate y luego regresó…

Ese detalle, que el Presidente ha usado para descalificar la versión presentada por los tres denunciantes, y sobre el cual se ha cebado la propaganda política de la Secretaría de Comunicación, afirma Villavicencio, era una simple teoría que ellos pusieron en condicional y que la Fiscalía debía de investigar si ocurrió o no. Nunca, sostiene, lo afirmaron como verdad absoluta.

Un tema recurrente en el texto de Villavicencio es su reproche a cierta izquierda ecuatoriana, en la cual militó desde sus inicios en la política y el periodismo, que hoy, acomodada con el correísmo, le ha dado la espalda.

El libro cierra, como se ha dicho, con un perfil del comunicador y publica en su integridad los documentos en los que se sustenta.

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