MEMOREX PARA LOS CORREÍSTAS

Crónica publicada en diario El Expreso

Hoy los correístas contemplan indignados las fotos hackeadas que revelan el lujoso tren de vida que llevaba el actual presidente en la ciudad más cara del mundo. Y se preguntan cínicamente cómo se financió todo eso.

MEMOREX PARA LOS CORREÍSTAS

Ahora que el asambleísta de la Revolución Ciudadana Juan Cárdenas, en un discurso parlamentario cargado de vehemencia como todos los suyos, se refirió a él como un representante de la “prensa libre e independiente” (así dijo, sin asomo de ironía), quizá llegó el momento de tomarse en serio todo lo que Villavicencio escribió sobre las obras emblemáticas del gobierno de Rafael Correa y admitir, en consecuencia, que el exvicepresidente preso bien preso está.

Y que a lo mejor les conviene depurarse de todos aquellos que participaron de los negocios sucios o los autorizaron con su firma. Perderían cuadros importantes, hay que decirlo, pero ganarían en credibilidad. Lean a Villavicencio, los nombra a todos. Pregúntenle al dios Google.

Quizá deberían empezar desempolvando aquel viejo informe publicado en el portal Mil Hojas en diciembre de 2016, sobre cómo se financió la residencia de Lenín Moreno en Ginebra. Se trata, es cierto, de una fruslería, una minucia comparada con los grandes atracos que se estaban cometiendo en esa misma época. 1,6 millones de dólares: la nada. Pero esa nada atañe directamente a su lista actual de prioridades. ¿Decidieron creer a Villavicencio después de perseguirlo por diez años? Léanlo.

Hoy los correístas contemplan indignados las fotos hackeadas que revelan el lujoso tren de vida que llevaba el actual presidente en la ciudad más cara del mundo. Y se preguntan cínicamente cómo se financió todo eso. Quién pago esa langosta. Mala memoria tienen. Esa langosta y esos muebles y ese departamento con vista al lago de Ginebra se financiaron con dinero público que el correísmo desvió (sirviéndose de un decreto mañoso e ilegítimo, el 340) de los fondos de los Consejos Sectoriales de la Política, una invención burocrática abstrusa. 1,6 millones de dólares anuales recibió Lenín Moreno durante los tres años que permaneció en Europa. Después de todo, era el candidato tapadito para las elecciones de 2016 y había que mimarlo.

El decreto era ilegítimo porque (y esto es una barbaridad jurídica) reformaba una ley: la de Servicio Civil. Y autorizaba al gobierno a regalar plata pública a personas privadas. Porque (no hay que olvidarlo) Lenín Moreno no era funcionario público, no tenía nombramiento de nada. Era, simplemente, el futuro candidato a la presidencia. ¿Eso se llama peculado? Tanta vergüenza les producía su propia jugada que la trataron de ocultar y la disfrazaron y no tuvieron miedo al ridículo y no tuvieron jeta.

Primero fue la entonces canciller, la poeta erótica trasnochada María Fernanda Espinosa. Diario El Comercio se lo preguntó y ella respondió: a Lenín Moreno le paga la Cancillería. Mintió. Luego fue su sucesor de ingrata recordación, el mochilero estalinista Guillaume Long.

Diario La Hora se lo preguntó y él respondió: le pagan las Naciones Unidas. Mintió. Salió el representante de la ONU en el Ecuador, Diego Zorrilla, para aclarar las cosas: nosotros no le pagamos ni un céntimo. Una vergüenza: todo el gobierno correísta haciendo malabares para ocultar la movida. Y Lenín Moreno comiendo langosta en Ginebra.

Hay que leer a Villavicencio, lo contó hace tres años. Y mostró documentos: los certificados de pago correspondientes a un año. Tres, cada uno por 533.333 dólares con 33 centavos. No se hagan los vírgenes los correístas. El rabo de paja del presidente lo fabricaron ellos.

Crónica publicada en Diario El Expreso 28 de marzo de 2019
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